Wella Company quiso ir un paso más allá y organizar un viaje de incentivo que se saliese completamente de lo convencional. Con una iniciativa muy atrevida, la compañía viajó a la Antártida de la mano de la línea de viajes de incentivo de BCD M&E: Travel Emotions. El verdadero reto de este viaje estaba en las condiciones extremas y la imprevisibilidad de la naturaleza. Un destino remoto, sorprendente, único y casi inexplorado al que viajar se convierte en una auténtica aventura que es imposible que no deje huella.
Antártida – El origen del color fue un proyecto desafiante desde el inicio hasta el final. Solo un 0,01% de la población mundial ha visitado esta zona remota situada en el extremo sur del planeta. Llegar hasta la Antártida es un gran reto porque requiere una logística especialmente compleja que lo convierte en una experiencia premium.
La experiencia comienza en el mismo instante en que se pisa la Antártida. Desde ese momento, cualquier viaje anterior parece quedar atrás ante lo que está por venir. El silencio absoluto de la naturaleza, apenas interrumpido por el soplo inesperado de una ballena emergiendo a la superficie; la inmensidad del hielo extendiéndose hasta donde alcanza la vista; y la observación privilegiada de la fauna que habita este entorno único convierten cada instante en algo extraordinario.
Se trata, en definitiva, de un viaje de contemplación. Un lugar donde el ser humano se adentra en un mundo que parece ajeno al resto del planeta, no como protagonista, sino como un simple espectador. Un escenario que invita a observar, con humildad, el ritmo de la vida entre el hielo y a comprender la fuerza de una naturaleza que sigue sus propias reglas.
Para viajar a la Antártida, la planificación es esencial. La elección de las fechas, del barco y una información completa y transparente al viajero son factores determinantes para el éxito de la experiencia. Es fundamental que el cliente conozca las particularidades del destino y esté preparado para las posibles contingencias que puedan surgir, ya que la climatología marca constantemente el ritmo del viaje, condicionando itinerarios, desembarcos y desplazamientos.
Viajar a la Antártida requiere, por tanto, una actitud flexible y una verdadera capacidad de adaptación. Quienes aceptan estas condiciones son recompensados con una de las experiencias más auténticas y transformadoras que pueden vivirse en nuestro planeta.
Descubre muchos más detalles del proyecto en el vídeo, donde entrevistamos a Raquel Sánchez Nieto, Directora de viajes de incentivo y líder en la organización, junto a su equipo, de este gran reto.